La digitalización como factor inductor de valor de la PYME

El día a día en la empresa, sobre todo cuando ésta es una PYME, no deja mucho tiempo para la reflexión y análisis de los elementos o factores del negocio que deben ser cuidados y potenciados para que el valor de la empresa se incremente. La gran empresa juega con ventaja en este sentido, ya que su dimensión le permite disponer de una estructura más amplia y dedicar recursos a esta función. Pero no todo son ventajas para éstas como veremos más adelante.

Como cualquier propietario de una vivienda que no quiere que el valor de la misma se deteriore por falta del cuidado y mantenimiento adecuado, el empresario y los directivos de la empresa deberían asumir esto como uno de los principios fundamentales e inexcusables de su actividad, y es más, que el incremento del valor de la empresa sea una de sus principales responsabilidades con objetivos cuantitativos muy determinados. La realidad es que en la mayor parte de los casos ni se asume como principio, ni hay responsabilidad sobre su evolución, y tampoco se concretan objetivos. Así es difícil que esto cambie.

En paralelo con este escenario, las estadísticas que últimamente nos llegan acerca del nivel de digitalización de la empresa española no nos transmiten datos muy optimistas. La última que ha llegado a nuestra mesa, elaborada por El Observatorio Vodafone de la Empresa, nos habla de que tan solo el 19% de las PYMES tienen un plan de digitalización, y de éstas tan solo algo más de la mitad tienen asignado un presupuesto. Es decir, que a efectos prácticos solo el 10% de las empresas medianas españolas se han tomado en serio la transformación digital. Y eso a pesar del enorme esfuerzo que todas las organizaciones empresariales, organismos públicos y empresas de asesoramiento y consultoría están realizando en los últimos tiempos. Es obvio que estos datos tienen una correlación directa con lo que mencionábamos en el párrafo anterior.

La digitalización tiene sus ventajas indiscutibles, no vamos ni siquiera a enumerarlas porque hay mucha literatura al respecto, pero en esta ocasión queremos centrarnos exclusivamente en el efecto que tiene o puede tener sobre el valor de la empresa.

El proceso de digitalización o transformación digital de la empresa puede impactar positivamente sobre su valor (y nivel de competitividad) al menos en dos sentidos:

  • Aplicándolo a la construcción de un nuevo modelo operativo o, básicamente, a la mejora de los procesos de negocio: De este modo la empresa puede lograr cotas de eficiencia muy superiores a las anteriores, lo que representa una mejora operativa que actuaría por partida doble en la inducción de valor: incrementando márgenes y reduciendo necesidades de capital.
  • Aplicándolo al desarrollo de nuevos modelos de negocio: Esto puede favorecer un reposicionamiento estratégico de la empresa que actúe como driver de crecimiento y expansión, proporcionando niveles de retorno por encima del nivel de los modelos tradicionales.

Lógicamente, no todos los sectores experimentan las mismas necesidades de acometer procesos de digitalización, ni a todos ellos les es aplicable los dos fenómenos anteriores por igual, pero si nos circunscribimos a las PYMES el recorrido en ellas es muy amplio y el retorno potencial de este tipo de cambio estaría asegurado, con el consiguiente efecto al alza de su valor.

En este escenario, no resulta comprensible el escaso grado de madurez digital que las PYMES tienen en nuestro país. No es entendible el inmovilismo hacia esta tendencia que ya nadie discute, ni el rechazo de propietarios y directivos que solo ven problemas y no perciben los beneficios que conlleva. Con la economía en fase de recuperación, ahora es el momento de actuar con decisiones firmes y ambiciosas. Es cierto que existen aún múltiples fuentes de incertidumbre, algunas locales y otras globales, pero las PYMES se encuentran ahora en un contexto muy propicio. Esperar a que se diluyan todas o algunas de esas incertidumbres podría ser un grave error estratégico de quienes las dirigen, lo que podría costarles muy caro, incluso muy probablemente con su desaparición en poco tiempo. Un dato muy significativo: Hasta el año 2000 la vida media de las empresas era de 60 años; desde ese mismo año hasta hoy la vida media se ha reducido a 14 años.

Las PYMES tienen además una ventaja añadida, y es que podrían acelerar un proceso de transformación de este tipo a través de la adquisición de empresas que ya hayan adelantado el cambio y dispongan o vayan a disponer de modelos de negocio digitales aplicables. Por supuesto que las grandes empresas van a intentar hacer lo mismo, pero la flexibilidad de las pequeñas y medianas empresas para agilizar la integración es mucho mayor, y el tiempo requerido para consolidarlo y convertirlo en ventaja competitiva sería, obviamente, menor.

Teniendo en cuenta la evolución del mercado de M&A en los últimos dos años, las compañías que quieran optar por esta alternativa, para intentar tener cuanto antes un papel significativo en este nuevo escenario, deberían movilizarse ya y poner en marcha esta estrategia de adquisición para no quedarse en fuera de juego en poco tiempo.

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