¿Y ahora qué?

Se nos ha ido 2014. Ahora, además de reflexionar sobre lo conseguido el pasado año, cuestión importante para valorar el desempeño de cada uno de nosotros y de nuestro equipo con relación a los objetivos y metas que nos propusimos, orientamos la mirada hacia lo que tenemos que lograr en este ejercicio del que ya ha transcurrido un mes.

Seguramente ya tenemos aprobados los presupuestos, elaborados con los criterios habituales: Expansión de ingresos y restricción de gastos. Somos conscientes de la dificultad de ese criterio endiablado que nos obliga a conseguir más con menos, una fórmula que casi nunca ha dado resultado pero que año tras año establecemos como principio de nuestros planes y presupuestos. En estos días, en nuestra mente se desarrolla un ejercicio más que interesante: la justificación de las inversiones y los gastos, estableciendo los argumentos que nos permitirán conseguir, o no, el beneplácito a nuestro presupuesto por parte del Comité de Dirección o Directorio. Para ello confiamos exclusivamente en la fuerza de nuestra capacidad de convicción dentro de los límites ya conocidos de años anteriores, ¡gran error!, y desaprovechamos la gran oportunidad de presentarnos a la reunión con la fuerza de los argumentos: Señores, nuestra capacidad de crecimiento llegó a su fin en las actuales circunstancias. La empresa debe reconocer que sin cambios no será posible mantener los ritmos del pasado. Nuestro mapa de recursos, los elementos que harían posible el logro de los objetivos estratégicos, nos impide competir con garantías en un mercado tan dinámico.

¿Mapa de recursos?, ¿y eso qué es? preguntará o pensará más de uno, enlazando ésta cuestión con una reflexión personal: “Cada día me sorprendo más de la capacidad e interés de algunos por generar nuevos términos en la jerga empresarial”.

Pues sí, el mapa de recursos, el conjunto de elementos que conforman nuestra empresa, ya sean empleados, activos tangibles o intangibles, localizados o deslocalizados, con la función que cada uno tiene para que juntos se logre la victoria en la guerra que se desata en el mercado como campo de batalla. ¡Casi nada!

Pero para muchos parece como si la empresa ya hubiera hecho esos deberes hace tiempo. “No hay nada que cambiar, en todo caso algo que añadir…”. Otro error, y van dos.

¿Participaría usted en el rally Paris-Dakar con el mismo automóvil con el que intentaría recorrer los Alpes suizos en la misma época (enero)? Seguramente podría hacerlo si lo sometiera a ciertos cambios y adaptaciones. Pues de eso se trata señores, de hacer cambios y adaptaciones en nuestro mapa de recursos. Por suerte o por desgracia, el rally de 2015 no va a tener nada que ver con el de 2014.

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