Crisis y transformación

Las empresas españolas están padeciendo, desde hace ya cinco años, los efectos de una fuerte crisis que no termina de resolverse y que está desquiciando a quienes las gobiernan. Las ideas para superarla fluyen con dificultad –todos somos ajenos a experiencias similares en entornos de la  complejidad del actual, y muchos, sin duda, estarán arrepentidos de no haber tomado medidas hace bastante tiempo, antes incluso de que se percibieran los primeros vestigios de la crisis. Diversificación, expansión territorial, eficiencia y productividad son ahora términos que pasan a diario por la mente de esos gobernantes de empresas en dificultades. ¡Pero qué difícil resulta ahora acometer los cambios! La liquidez escasea, la visibilidad de las ventas no permite el optimismo, las grandes y las pequeñas sufren la escasez de recursos y tiempo para hacer ahora lo que es irremediable, pero que sí hubiera sido posible cuando los vientos del ciclo económico eran favorables.

Por el contrario, en Latinoamérica, y más concretamente en Perú en donde nos encontramos en la actualidad, las crisis de hace ya unos cuantos años han dado paso a un largo periodo de crecimiento y desarrollo en las empresas que es la envidia de compañías europeas y americanas. Arropadas por una creciente clase media que ha descubierto y disfruta de los beneficios del consumo, las empresas de Perú, Colombia, etc. evolucionan y crecen “casi sin quererlo”. Esta evolución del mercado que en muchos casos lleva en volandas a las empresas aquí radicadas, no da respiro para que sus líderes reflexionen y caigan en la cuenta de que, al igual que los mercados, las empresas presentan ciclos, ciclos que tienen una evidente influencia en el desarrollo de la compañía y exigen transformaciones que no deberían aplazarse para poder mitigar a tiempo el más que posible impacto de los cambios en el entorno. Y es que en gran parte de los casos, esos cambios se producen por hechos totalmente imprevistos, sobre los que no caben remedios mágicos.

Las recientes declaraciones de uno de los representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI) refiriéndose a Perú: “Hay que mantener la cautela y reconocer que las condiciones favorables no durarán para siempre, hay que usar esta abundancia y utilizarla bien para en un futuro contrarrestar shocks y asegurar que estas condiciones favorables continúen”, son elocuentes. El país debe prepararse para los cambios que se van a producir en el futuro. Pero el país también lo conforman las empresas, grandes o pequeñas, no importa el tamaño…

Invertir y ahorrar, aplicar parte de los recursos existentes a mejorar en eficiencia, en calidad, en satisfacción de clientes y proveedores, ganar en productividad,… en definitiva transformar para mejorar. No hay otra receta, hay que transformarse para presentar una mayor resistencia a los cambios, y aquella que no lo haga verá en su propia piel lo que antes describíamos de las empresas españolas. Aprendamos de los errores, no menospreciemos sus consecuencias.

Pero ¿qué debemos transformar y por qué?

En primer lugar, la transformación deberá tener en cuenta que los criterios de compra de los clientes se modificarán, que lo más lógico es que la alegría en el consumo que hoy se vive de paso a un mayor grado de austeridad con una clara orientación a otros conceptos como valor, durabilidad, sostenibilidad, etc.

En segundo lugar,  deberemos considerar la existencia de un entorno mucho más competitivo en el que debido a una demanda más exigua la oferta será, con toda probabilidad,  muy agresiva e incluso albergue nuevos competidores que procedan de otros segmentos o sean el resultado de un proceso de consolidación, lo que tendrá importantes consecuencias en las cadenas de suministro.

En tercer lugar, tendremos que prestar atención al modo y manera en que se basará el crecimiento, qué productos de nuestra cartera serán los que nos protejan de mejor manera, qué inversiones hay que promover y cuáles otras deberían eliminarse. La capacidad para invertir en crecimiento, y las decisiones sobre el modo en que se va a crecer marcarán la distancia entre los que finalmente ganen o pierdan.

Por último, fijaremos la atención en la manera en que pretenderemos operar el negocio, el modelo de negocio. En éste confluyen tres elementos esenciales: los Procesos, las Personas y la Tecnología: Desarrollar nuevas capacidades, analizar las actividades a realizar y de qué manera y dónde llevarlas a cabo (Procesos); qué conocimientos y habilidades serán requeridas por nuestro equipo y de qué modo vamos a preservar el talento (Personas); así como el papel y potencial de los sistemas como elemento indiscutible en la forma de hacer negocios (Tecnología).

Como decíamos antes, no hay más secretos, el éxito dependerá del equipo directivo y su capacidad para prever cambios y anticiparse a los mismos respondiendo con decisiones sabias respecto al modo y lugar en el que  invertir, la forma de configurar las operaciones y la manera en que van a preservarse las capacidades esenciales y reconstruirlas, si es preciso, cuando se recuperen las condiciones de crecimiento.

Hasta aquí hemos comentado sobre la crisis como elemento exógeno que induce a acometer cambios y transformar la empresa; otro día hablaremos de los endógenos, que se producen por el simple hecho de que la compañía crece y, al igual que el ser humano, requiere en cada etapa de ese crecimiento unas atenciones diferentes para consolidarse.

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Una respuesta a Crisis y transformación

  1. Este artículo es francamente bueno.

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